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Cuándo llevar a un niño al psicólogo: señales para saber si necesita ayuda

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Cuándo llevar a un niño al psicólogo: señales para saber si necesita ayuda
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Una de las dudas que escuchamos con frecuencia en CREN es: “¿Cómo sé si ya es momento de llevar a mi hijo al psicólogo?”. A veces la pregunta surge después de varias semanas de rabietas, tristeza o problemas escolares. En otros casos no existe una conducta especialmente alarmante: los padres simplemente sienten que algo ha cambiado y no saben si deberían preocuparse.

También es habitual que aparezca culpa. Mamás y papás pueden preguntarse si hicieron algo mal, si están exagerando o si acudir a un profesional significa aceptar que su hijo tiene un problema.

Desde nuestra experiencia en CREN queremos empezar por algo importante: llevar a tu hijo al psicólogo no significa que hayas fallado como padre o madre. Pedir orientación es precisamente una forma de cuidar.

Además, consultar no significa automáticamente iniciar un tratamiento. Una valoración puede servir para comprender mejor qué está ocurriendo, identificar las fortalezas y necesidades del niño y proporcionar a la familia estrategias concretas para acompañarlo.

Por eso, más que preguntarnos si determinada conducta es “normal” o “anormal”, preferimos observarla dentro de un contexto: cuánto tiempo lleva ocurriendo, con qué intensidad aparece, con qué frecuencia sucede y cuánto está interfiriendo en la vida cotidiana del niño.

En este artículo queremos ayudarte a entender cuándo puede ser conveniente buscar apoyo profesional, qué señales conviene observar y qué ocurre cuando una familia solicita una valoración de psicología infantil.

¿Cómo saber si mi hijo necesita un psicólogo?

No existe una única señal que permita determinar que un niño necesita atención psicológica. Los niños atraviesan distintas etapas de desarrollo y, durante ellas, pueden aparecer miedos, frustración, rabietas, cambios de humor o dificultades para adaptarse a nuevas situaciones.

Por eso, una conducta aislada no debería interpretarse automáticamente como la existencia de un problema.

En CREN preferimos observar varios elementos de forma conjunta.

Más que una conducta aislada: intensidad, duración y frecuencia

Imaginemos que un niño tiene una rabieta porque no obtuvo lo que quería. Ese episodio, por sí mismo, ofrece poca información.

La situación cambia cuando las rabietas aparecen prácticamente todos los días, tienen una intensidad muy elevada, duran mucho tiempo o hacen que resulte extremadamente difícil realizar actividades habituales.

Lo mismo sucede con otras manifestaciones emocionales.

Un niño puede sentirse triste después de una discusión, tener miedo antes de un examen o mostrarse preocupado ante un cambio importante. Estas emociones forman parte de la experiencia humana.

Lo que conviene observar es si empiezan a convertirse en algo persistente o desproporcionado para la situación.

Nos fijamos especialmente en cuatro criterios:

  • Frecuencia: ¿ocurre ocasionalmente o cada vez con mayor frecuencia?
  • Duración: ¿apareció hace unos días o lleva semanas o meses?
  • Intensidad: ¿la reacción es manejable o genera un sufrimiento considerable?
  • Interferencia: ¿está afectando otras áreas de la vida del niño?

Estos criterios ayudan a evitar dos extremos: preocuparnos excesivamente por cualquier conducta infantil o, por el contrario, esperar demasiado ante una dificultad que se está manteniendo.

Cuánto está afectando a su vida diaria

Una de las preguntas más útiles que podemos hacernos es:

“¿Esto está impidiendo que mi hijo haga cosas que antes podía hacer con normalidad?”

Puede comenzar a evitar la escuela, dejar de querer convivir con otros niños, tener conflictos constantes en casa o perder interés en actividades que antes disfrutaba.

Cuando un problema emocional o conductual empieza a afectar el aprendizaje, las relaciones familiares, la convivencia escolar, las amistades o el bienestar del propio niño, puede ser conveniente solicitar una valoración.

Cambios importantes respecto a cómo era antes

También prestamos atención a los cambios.

Los padres conocen la forma habitual de comportarse de sus hijos y muchas veces son los primeros en percibir que “algo no está siendo como antes”.

Un niño que era sociable puede empezar a aislarse. Otro que dormía adecuadamente puede comenzar a despertarse cada noche. Un alumno que normalmente disfrutaba de la escuela puede empezar a resistirse intensamente a asistir.

No todos esos cambios significan que exista un trastorno, pero sí pueden ser información útil para comprender qué está viviendo el niño.

Señales de que puede ser conveniente acudir a un psicólogo infantil

Señales de que puede ser conveniente acudir a un psicólogo infantil

Aunque cada niño es diferente, existen determinadas situaciones en las que recomendamos prestar especial atención.

Ninguna de las siguientes señales constituye por sí misma un diagnóstico. Son indicadores que pueden justificar consultar cuando son intensos, persistentes o interfieren significativamente en la vida cotidiana.

Cambios emocionales: tristeza, ansiedad, miedos o irritabilidad

Un niño no siempre puede explicar con palabras qué le ocurre.

Por eso, el malestar emocional puede aparecer a través de comportamientos que los adultos interpretan inicialmente como desobediencia, mal humor o falta de interés.

Conviene prestar atención cuando observamos:

  • tristeza persistente;
  • preocupaciones excesivas;
  • ansiedad difícil de controlar;
  • miedos que limitan actividades normales;
  • irritabilidad frecuente;
  • aislamiento;
  • pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba;
  • sensación constante de inseguridad.

En CREN buscamos comprender qué hay detrás de la conducta, en lugar de limitarnos a corregirla.

Un niño que evita una actividad quizá no esté siendo “caprichoso”; puede estar sintiendo miedo, vergüenza o ansiedad y todavía no tener las herramientas necesarias para expresarlo.

Rabietas, agresividad y cambios de conducta

Las rabietas forman parte del desarrollo infantil, especialmente a determinadas edades. Sin embargo, puede ser conveniente pedir orientación cuando son extremadamente frecuentes, intensas, difíciles de regular o aparecen junto con agresividad importante.

También conviene observar cambios como:

  • conductas desafiantes que aumentan considerablemente;
  • agresiones hacia otras personas;
  • dificultad extrema para tolerar límites;
  • explosiones emocionales constantes;
  • problemas de autorregulación;
  • conflictos frecuentes en distintos ambientes.

La pregunta no debería ser únicamente “¿hace rabietas?”, sino “¿qué desencadena esas rabietas, cuánto duran y qué impacto están teniendo?”.

Problemas de sueño o alimentación

El sueño y la alimentación pueden verse afectados por numerosos factores, pero los cambios persistentes merecen atención.

Por ejemplo, pueden aparecer dificultades para conciliar el sueño, despertares frecuentes, pesadillas, resistencia intensa a dormir solo o cambios importantes en los hábitos alimentarios.

Cuando estas dificultades se mantienen o aparecen junto con otros cambios emocionales o conductuales, valorar el conjunto puede resultar especialmente útil.

Dificultades escolares o cambios en el rendimiento académico

Un descenso en el rendimiento no siempre significa falta de esfuerzo.

En ocasiones puede relacionarse con dificultades de aprendizaje, atención, organización, ansiedad, situaciones sociales, problemas emocionales u otros factores.

Por eso recomendamos evitar conclusiones rápidas.

Una valoración de psicología para niños puede ayudar a comprender mejor qué factores están interviniendo antes de centrarnos exclusivamente en las calificaciones.

Problemas para relacionarse con otros niños

Las relaciones sociales también ofrecen información importante.

Puede ser conveniente solicitar orientación cuando un niño presenta aislamiento persistente, conflictos frecuentes, dificultades significativas para establecer amistades o un cambio marcado en su forma de relacionarse.

También es importante atender posibles situaciones de rechazo, acoso escolar o bullying.

Regresiones o conductas que parecían superadas

En determinados momentos de estrés pueden aparecer temporalmente conductas propias de etapas anteriores.

Pero cuando una regresión es intensa, se mantiene en el tiempo o aparece acompañada de otros cambios, conviene intentar comprender qué puede estar ocurriendo.

Duelo, separación, bullying y acontecimientos difíciles

No hace falta esperar a que aparezcan síntomas graves después de una experiencia difícil.

Cambios familiares importantes, pérdidas, separaciones, enfermedades, situaciones de violencia, accidentes, bullying u otros acontecimientos estresantes pueden requerir apoyo.

En estos casos, consultar también puede tener una función preventiva: dar al niño recursos para procesar lo vivido antes de que el malestar se extienda a otras áreas.

¿Cuándo es mejor no esperar para consultar?

Muchos padres llegan a nosotros después de preguntarse durante meses si deberían esperar un poco más.

Entendemos perfectamente esa duda. Nadie quiere convertir una dificultad pasajera en un problema que quizá no existe.

Pero tampoco es necesario esperar a que una situación se vuelva inmanejable.

Cuando el malestar aumenta o se mantiene en el tiempo

Si una conducta está disminuyendo progresivamente y el niño continúa funcionando adecuadamente, observar puede ser razonable.

Si ocurre lo contrario —la dificultad aumenta, aparecen nuevas señales o pasan las semanas sin mejora— pedir orientación puede aportar claridad.

En CREN solemos explicar a las familias que consultar no obliga a comenzar terapia.

La primera decisión no es necesariamente “mi hijo necesita tratamiento”.

Muchas veces es simplemente:

“Tengo una duda y quiero entender mejor qué está pasando.”

Cuando afecta a la familia, la escuela o sus relaciones

También recomendamos buscar orientación cuando el problema deja de estar limitado a una situación concreta.

Por ejemplo, cuando las dificultades emocionales empiezan a provocar problemas para asistir a la escuela, relacionarse con amigos, dormir, estudiar o convivir en casa.

Cuantas más áreas están afectadas, mayor importancia cobra realizar una valoración integral.

Cuando el niño expresa que no puede manejar lo que siente

Si un niño dice directamente que se siente desbordado, que no puede controlar determinadas emociones o que necesita ayuda, conviene escucharlo.

Y ante comentarios relacionados con hacerse daño, querer morir o no querer seguir viviendo, no recomendamos esperar a una consulta rutinaria: es importante buscar atención profesional urgente o servicios de emergencia disponibles en la localidad.

Pedir ayuda rápidamente en esas situaciones no es exagerar. Es priorizar la seguridad del menor.

Llevar a tu hijo al psicólogo no significa que hayas fallado

Esta idea merece especial atención porque la culpa puede retrasar innecesariamente la búsqueda de ayuda.

Como madres y padres queremos proteger a nuestros hijos. Por eso resulta comprensible pensar:

“¿Qué hice mal?”

“¿Debería poder resolverlo yo?”

“¿Qué van a pensar si llevo a mi hijo al psicólogo?”

Desde nuestra perspectiva en CREN, el objetivo de la crianza no es tener todas las respuestas.

Una de las herramientas más importantes que podemos transmitir a nuestros hijos es precisamente aprender que cuando enfrentamos una dificultad podemos buscar apoyo, entender qué está ocurriendo y desarrollar recursos para manejarla.

Pedir orientación también es una forma de cuidar

Buscar ayuda profesional no sustituye a los padres.

El psicólogo infantil trabaja precisamente con el contexto del niño y, dependiendo de su edad y sus necesidades, la participación de la familia puede ser una parte fundamental del proceso.

En algunos casos el trabajo principal puede consistir incluso en orientar a los adultos para realizar determinados cambios en casa.

Por eso preferimos entender la intervención como una colaboración.

Los padres aportan un conocimiento insustituible sobre su hijo y el profesional aporta herramientas para analizar la situación desde otra perspectiva.

Si estás buscando opciones de psicologia infantil cdmx, una primera valoración puede servir precisamente para saber si existe una dificultad que requiere intervención o si bastan determinadas recomendaciones.

Buscar ayuda no significa etiquetar a un niño

Otra preocupación frecuente es que una valoración termine definiendo al menor únicamente por una dificultad.

Nuestro enfoque es el contrario.

En CREN buscamos conocer sus necesidades, pero también sus fortalezas, recursos, capacidades, entorno y manera particular de relacionarse con el mundo.

Una dificultad forma parte de la experiencia del niño, pero no resume quién es.

¿Hay que esperar a que exista un problema grave?

No.

La psicología infantil no debería entenderse únicamente como un recurso al que acudimos cuando todo lo demás ha fallado.

También puede utilizarse para orientar, prevenir y acompañar.

Por ejemplo, una familia puede consultar porque su hijo está mostrando dificultades para regular la frustración. Tras valorar la situación, puede ocurrir que no sea necesario un proceso terapéutico prolongado y que algunas pautas familiares sean suficientes.

En otro caso, una valoración puede detectar que el niño sí necesita un acompañamiento específico.

Las dos situaciones son válidas.

El valor de consultar está precisamente en dejar de adivinar.

A veces una orientación temprana es suficiente

Muchas familias llegan a CREN buscando respuestas más que tratamiento.

Eso es completamente legítimo.

Una valoración puede:

  • resolver dudas de los padres;
  • ayudar a entender determinadas conductas;
  • identificar factores que están influyendo;
  • proporcionar estrategias para casa;
  • sugerir ajustes escolares;
  • indicar si conviene realizar evaluaciones adicionales;
  • determinar si sería útil iniciar un acompañamiento psicológico.

Por eso preferimos hablar de buscar orientación a tiempo y no simplemente de “llevar al niño a terapia”.

Cuando una familia busca psicología para niños cdmx, una de nuestras primeras tareas es precisamente determinar qué necesita ese niño concreto, no asumir de antemano que requerirá el mismo proceso que cualquier otro.

¿Qué ocurre cuando llevas a un niño al psicólogo?

Otra causa frecuente de preocupación es no saber qué sucederá en consulta.

La atención psicológica infantil no consiste únicamente en sentar al niño frente a un adulto para preguntarle qué siente.

El proceso cambia según la edad, el motivo de consulta y las características de cada menor.

La primera valoración psicológica infantil

El punto de partida es comprender qué está ocurriendo.

Para ello puede ser necesario conocer información sobre:

  • desarrollo del niño;
  • historia familiar;
  • motivo de consulta;
  • comportamiento en casa;
  • funcionamiento escolar;
  • relaciones sociales;
  • estado emocional;
  • fortalezas;
  • dificultades actuales;
  • acontecimientos recientes relevantes.

Dependiendo de la situación, el profesional puede trabajar directamente con el niño, hablar con los padres, utilizar diferentes recursos de evaluación o solicitar información complementaria.

La finalidad no debería ser “buscar algo malo”, sino obtener una visión suficientemente amplia para poder orientar adecuadamente.

Qué observamos además de las dificultades

En CREN no queremos conocer solamente qué le cuesta hacer a un niño.

También queremos saber:

¿Qué hace bien?

¿Qué recursos tiene?

¿Qué actividades disfruta?

¿Quiénes forman su red de apoyo?

¿En qué contextos funciona mejor?

¿Qué estrategias ya están dando resultado?

Las fortalezas también forman parte de la intervención.

Comprenderlas nos permite apoyarnos en ellas cuando existen áreas que necesitan fortalecerse.

El papel de los padres durante la evaluación

Especialmente durante la infancia, comprender el entorno resulta fundamental.

Los padres pueden proporcionar información que el niño, por edad o por dificultad para expresar lo que siente, todavía no puede comunicar.

También pueden recibir estrategias concretas para acompañarlo fuera de consulta.

Por eso, cuando alguien busca “psicología infantil cerca de mi”, recomendamos no fijarse exclusivamente en la distancia. También es importante encontrar un centro cuyo enfoque incluya comprender al niño dentro de su contexto familiar y cotidiano.

¿Una valoración psicológica significa que mi hijo tendrá que hacer terapia?

¿Una valoración psicológica significa que mi hijo tendrá que hacer terapia?

No necesariamente.

Esta es probablemente una de las ideas que más nos interesa transmitir a las familias.

Valoración, orientación y terapia no son exactamente lo mismo.

La valoración intenta comprender la situación.

A partir de esa información pueden plantearse diferentes caminos.

Puede recomendarse iniciar un proceso psicológico, pero también puede proponerse realizar únicamente seguimiento, trabajar algunas pautas con los padres, coordinar determinadas estrategias con la escuela o simplemente observar la evolución.

Cuándo pueden bastar estrategias para aplicar en casa

Supongamos que unos padres consultan porque su hijo está teniendo determinadas dificultades para seguir rutinas.

Después de analizar la situación, es posible que el profesional detecte que la familia puede beneficiarse principalmente de cambios en la organización, anticipación de actividades, establecimiento de límites o estrategias de regulación.

En ese caso, acudir al psicólogo habrá sido útil incluso aunque el niño no inicie un proceso terapéutico.

Esto explica por qué no recomendamos pensar únicamente en términos de:

“¿Está suficientemente mal como para necesitar terapia?”

Una pregunta más útil sería:

“¿Tenemos suficiente información y herramientas para manejar esta situación o sería beneficioso recibir orientación?”

Ese cambio de enfoque disminuye la culpa y permite intervenir con mayor claridad.

Cómo hablar con tu hijo sobre ir al psicólogo

La manera de presentar la consulta puede influir en cómo la vive el niño.

Recomendamos evitar utilizar al psicólogo como amenaza o consecuencia de una conducta.

Frases como “como te estás portando mal, te voy a llevar al psicólogo” pueden hacer que el menor perciba la consulta como un castigo.

Explícaselo sin convertirlo en un castigo

La explicación debe adaptarse a su edad.

Podemos decirle que van a conocer a una persona que ayuda a niños y familias cuando existen cosas que cuestan, preocupan o queremos comprender mejor.

No hace falta transmitir dramatismo.

Normaliza pedir ayuda

Los niños aprenden mucho observando cómo los adultos reaccionamos ante las dificultades.

Podemos enseñarles que pedir ayuda no significa ser débil ni incapaz.

En CREN consideramos que este aprendizaje puede acompañarlos durante toda la vida: no tenemos que saber resolverlo todo solos.

Escucha también lo que piensa tu hijo

Si tiene edad suficiente, darle espacio para hacer preguntas y expresar cómo se siente respecto a la consulta puede reducir incertidumbre.

Algunos niños tienen miedo de que el psicólogo los regañe, cuente todo lo que dicen o intente obligarlos a hablar.

Explicarles de manera sencilla qué pueden esperar ayuda a crear una experiencia más segura.

Qué puedes hacer como madre o padre si todavía tienes dudas

No necesitas estar completamente seguro de que tu hijo “tiene un problema” para consultar.

Precisamente una valoración sirve para aclarar esas dudas.

Mientras decides, hay algunas cosas que pueden ayudarte.

Observa cuándo aparecen las dificultades

En lugar de fijarte únicamente en la conducta, intenta observar:

  • qué ocurre justo antes;
  • dónde sucede;
  • con quién está;
  • cuánto dura;
  • cómo termina;
  • qué parece ayudar;
  • si existe un patrón.

Esta información puede resultar muy útil posteriormente.

Habla con la escuela y otros adultos de referencia

Los niños se comportan de manera diferente según el contexto.

Por eso puede ser importante conocer qué observan sus profesores, cuidadores u otros adultos que pasan tiempo con ellos.

No se trata de buscar confirmación de que existe un problema, sino de reunir distintas perspectivas.

Consulta aunque solo necesites orientación

No es necesario esperar a tener una conclusión.

Es perfectamente válido acudir diciendo:

“No sé si esto requiere terapia; quiero saber qué podemos hacer.”

En nuestra experiencia en CREN, muchas familias llegan precisamente en ese punto.

Si necesitas conocer nuestro enfoque de psicología infantil CDMX o tienes dudas sobre si una valoración sería adecuada para tu hijo, puedes comenzar solicitando orientación.

Cómo abordamos la valoración psicológica infantil en CREN

En CREN partimos de una idea sencilla: un niño es mucho más que el motivo por el que llega a consulta.

Por eso buscamos realizar una valoración integral.

Queremos conocer qué está ocurriendo, pero también cómo vive el niño su entorno, cuáles son sus fortalezas, qué herramientas posee actualmente y qué áreas podemos ayudarle a desarrollar.

No trabajamos con el objetivo de encontrar problemas donde no los hay.

Trabajamos para comprender.

Comprender al niño más allá del problema

Dos niños pueden mostrar una conducta aparentemente similar por razones completamente diferentes.

Por ejemplo, ambos pueden negarse a realizar una tarea escolar.

Uno podría sentirse frustrado porque la actividad le resulta especialmente difícil. Otro podría experimentar ansiedad ante la posibilidad de equivocarse.

La conducta observable es parecida, pero lo que necesita cada niño puede ser distinto.

Por eso una intervención adecuada comienza intentando comprender qué función tiene esa conducta y qué factores pueden estar manteniéndola.

Identificar fortalezas y recursos

También prestamos atención a lo que ya funciona.

Quizá un niño tenga dificultades para expresar verbalmente sus emociones, pero sea muy bueno identificándolas mediante dibujos. Otro puede tener dificultades en el entorno escolar, pero mostrar excelentes habilidades sociales fuera del aula.

Encontrar esos recursos nos ayuda a construir estrategias desde sus capacidades.

Orientar a la familia según las necesidades reales

Nuestro objetivo final es ofrecer herramientas útiles.

En algunos casos eso implicará trabajar directamente con el niño.

En otros será necesario involucrar especialmente a padres, escuela u otros profesionales.

Y en determinadas situaciones puede bastar con orientación y seguimiento.

La psicología para niños funciona mejor cuando parte de la persona concreta que tenemos delante, en lugar de intentar colocar a todos los niños dentro de la misma solución.

Conclusión: pedir ayuda a tiempo también es cuidar

Saber cuándo llevar a un niño al psicólogo no siempre es sencillo.

Una rabieta aislada, unos días de tristeza o un miedo puntual no significan necesariamente que exista un problema psicológico.

Por eso recomendamos observar el conjunto:

¿Cuánto dura?

¿Con qué frecuencia aparece?

¿Qué intensidad tiene?

¿Está aumentando?

¿Interfiere en su aprendizaje, relaciones, vida familiar o bienestar?

¿Ha ocurrido algún cambio importante?

Cuando existen dudas, consultar puede aportar claridad.

Y queremos insistir en algo que consideramos fundamental: pedir ayuda no significa haber fallado como madre o padre.

No tenemos que disponer de todas las respuestas.

Buscar orientación cuando algo nos preocupa es también una forma de enseñar a nuestros hijos que ante las dificultades podemos detenernos, comprender qué necesitamos y apoyarnos en otras personas para encontrar herramientas.

Tampoco debemos confundir acudir a una valoración con iniciar automáticamente una terapia.

A veces un niño necesitará acompañamiento psicológico. En otras ocasiones la familia necesitará estrategias.Y en otras, la valoración puede indicar que no existen elementos que justifiquen iniciar un proceso psicológico en ese momento, permitiendo ofrecer orientación y tranquilidad a la familia.” En CREN no buscamos etiquetar a los niños.

Buscamos comprenderlos, identificar sus fortalezas y proporcionar a cada familia herramientas que favorezcan su desarrollo y bienestar.

Preguntas frecuentes sobre cuándo llevar a un niño al psicólogo

¿Cómo saber si mi hijo necesita un psicólogo?

Más que fijarnos en una conducta aislada, conviene observar su frecuencia, duración, intensidad y cuánto está interfiriendo en la vida cotidiana. Los cambios importantes respecto al comportamiento habitual del niño también pueden justificar solicitar orientación.

¿Cuánto tiempo debo esperar antes de consultar?

No existe un plazo universal. Depende de la intensidad de la dificultad, la edad del niño, el contexto y cuánto esté afectando su funcionamiento. Si el malestar es intenso, aumenta o afecta significativamente áreas importantes de su vida, no es necesario esperar a que se convierta en un problema mayor.

¿Qué pasa si al final mi hijo no necesita terapia?

No pasa nada. Una valoración puede concluir que no es necesario iniciar tratamiento. En esos casos puede proporcionar tranquilidad, recomendaciones para casa o pautas de seguimiento.

¿Puede un psicólogo orientar solamente a los padres?

Sí. Dependiendo de la edad del niño y del motivo de consulta, parte del trabajo puede centrarse en proporcionar herramientas y orientación a los padres. La estrategia adecuada dependerá de cada situación.

¿Cómo saber si es una etapa o un problema que necesita atención?

Hay conductas que forman parte del desarrollo y pueden desaparecer progresivamente. Conviene prestar más atención cuando una conducta se mantiene, aumenta, tiene una intensidad elevada o interfiere significativamente en la escuela, las relaciones, la familia o el bienestar emocional.

¿Qué diferencia hay entre una valoración psicológica y una terapia infantil?

La valoración busca comprender qué está ocurriendo y cuáles son las necesidades del niño. La terapia es una posible intervención posterior. Realizar una valoración no significa que necesariamente vaya a recomendarse un proceso terapéutico.

¿Cuándo debería buscar ayuda con mayor urgencia?

Cuando existe riesgo para la seguridad del niño o de otras personas, o cuando el menor habla de hacerse daño, morir o no querer vivir, es importante buscar atención profesional urgente y utilizar los servicios de emergencia disponibles en tu localidad.

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Si algo te preocupa, el momento de actuar es ahora

Una valoración temprana no genera alarma innecesaria — genera certeza. Agendá hoy en nuestro centro de estimulación temprana en Narvarte, CDMX.

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