Hablar sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad todavía despierta muchas dudas. A nuestro alrededor siguen apareciendo frases como “el TDAH es un invento”, “ese niño solo necesita más disciplina”, “si puede pasar horas con un videojuego, entonces sí puede concentrarse” o “todos los niños son inquietos”.
El problema de estas afirmaciones no es únicamente que simplifiquen una realidad compleja. Cuando los mitos del TDAH en niños condicionan la manera en que los adultos interpretamos su comportamiento, también pueden modificar la forma en que los acompañamos.
En Centro Cren consideramos fundamental mirar más allá de la etiqueta o de una conducta aislada. Un niño no puede reducirse a que “se distrae”, “no obedece”, “se mueve demasiado” o “no termina la tarea”. Antes de sacar conclusiones necesitamos comprender qué está pasando, en qué contextos aparecen las dificultades y cómo están afectando su aprendizaje, sus emociones, su convivencia familiar y sus relaciones.
Por eso, desmontar las falsas creencias sobre el TDAH no consiste en justificar cualquier comportamiento. Consiste en sustituir prejuicios por comprensión y buscar estrategias que respondan a las necesidades reales de cada niño.
A continuación revisamos diez de los mitos sobre el TDAH infantil que todavía escuchamos con frecuencia.
1. “El TDAH es un invento moderno”
Esta es probablemente una de las afirmaciones que más confusión genera.
El TDAH no apareció porque comenzáramos a hablar de él en escuelas, consultas o medios de comunicación. Se considera una condición del neurodesarrollo y, aunque nuestra forma de identificarla, describirla y abordarla ha evolucionado, las dificultades relacionadas con la atención, la regulación de la conducta o el control de los impulsos no surgieron de repente en las últimas décadas.
Podemos hacer un ejercicio sencillo: pensar en nuestra propia infancia.
Muchos adultos recuerdan perfectamente a aquel compañero que parecía no poder permanecer sentado, que interrumpía constantemente, olvidaba instrucciones, perdía sus cosas, tenía enormes dificultades para terminar una actividad o parecía estar “en otro mundo” durante buena parte de la clase.
Incluso algunas personas, cuando conocen mejor las características del TDAH, miran hacia atrás y reconocen experiencias similares en ellas mismas.
La gran diferencia es que antes muchas de esas conductas podían interpretarse simplemente como mala educación, flojera, rebeldía, despiste o falta de interés.
¿Por qué parece que ahora hay más casos?
Que hoy tengamos más información sobre una condición no significa necesariamente que esa condición no existiera antes.
Actualmente familias, docentes y profesionales disponen de más herramientas para reconocer determinadas señales y saben que algunas dificultades persistentes merecen ser valoradas con mayor profundidad.
Esto también nos obliga a evitar el extremo contrario: identificar el TDAH no significa etiquetar como trastorno cualquier comportamiento infantil.
Los niños se distraen. Los niños se mueven. Los niños pueden ser impulsivos. También pueden tener etapas más difíciles.
Por eso, cuando una familia busca orientación en psicologia infantil cdmx, el punto de partida no debería ser asumir de antemano que existe un diagnóstico, sino comprender qué está ocurriendo con ese niño en particular.
El TDAH ya existía aunque antes no se identificara igual
Durante mucho tiempo, niños con dificultades importantes podían crecer sin recibir apoyos específicos porque su comportamiento se interpretaba desde otros marcos.
En algunos casos eso podía traducirse en repetidos regaños, conflictos familiares, dificultades académicas o una percepción de sí mismos basada en mensajes como “eres flojo”, “nunca pones atención” o “podrías hacerlo si quisieras”.
Por eso nos parece más útil sustituir la pregunta “¿por qué ahora todo es TDAH?” por otra mucho más constructiva:
¿Qué sabemos hoy que puede ayudarnos a comprender mejor las necesidades de un niño?
2. “El TDAH es culpa de los padres o de una mala crianza”
Otra falsa creencia muy extendida es atribuir el TDAH a una falta de límites.
A veces se expresa de forma muy directa: “lo que necesita ese niño es mano dura”.
El problema es que esta explicación confunde dos cuestiones distintas: una cosa son las prácticas de crianza y otra, las características del neurodesarrollo de un niño.
Establecer normas, rutinas y límites adecuados sigue siendo importante. Tener TDAH no significa crecer sin estructura ni consecuencias. Pero tampoco podemos asumir que una disciplina más estricta eliminará dificultades que no dependen simplemente de que el niño “quiera portarse bien”.
Crianza y neurodesarrollo no son lo mismo
Imaginemos un niño que escucha una instrucción, empieza a cumplirla, se distrae con otro estímulo y termina haciendo algo completamente diferente.
Desde fuera, alguien podría interpretar la situación como desobediencia deliberada.
Sin embargo, antes de llegar a esa conclusión necesitamos hacernos otras preguntas.
¿Comprendió realmente la instrucción? ¿Podía mantenerla activa mientras realizaba la tarea? ¿Se distrajo de manera constante? ¿Ocurre solamente en casa o también en la escuela? ¿Puede organizar actividades de varios pasos? ¿Qué sucede cuando la tarea exige esperar, planificar o inhibir una respuesta inmediata?
Cambiar las preguntas cambia también la forma de acompañar.
Por qué la “mano dura” no resuelve el problema
Cuando respondemos sistemáticamente a una dificultad con castigos, pero no intentamos comprender de dónde proviene, podemos aumentar la frustración sin enseñar la habilidad que el niño necesita desarrollar.
En nuestra forma de entender la psicologia infantil, comprender una conducta no significa eliminar los límites. Significa establecerlos de una manera que también ayude al niño a aprender estrategias.
Puede necesitar instrucciones más breves, anticipación, rutinas claras, recordatorios visuales, división de una actividad en pasos más pequeños o acompañamiento para aprender a organizarse.
El objetivo no debería ser ganar una batalla de voluntad contra el niño. Debería ser ayudarlo a construir las herramientas que todavía le cuestan.
3. “Todos los niños con TDAH son hiperactivos”

Cuando escuchamos la palabra TDAH, muchas personas imaginan inmediatamente a un niño que no deja de correr, levantarse, hablar o interrumpir.
Esa imagen existe, pero no representa a todos los niños.
Las dificultades asociadas al TDAH pueden manifestarse de formas diferentes. En algunos casos resulta especialmente visible la hiperactividad o la impulsividad. En otros, lo que predomina son las dificultades relacionadas con la atención.
Por eso un niño aparentemente tranquilo también puede necesitar valoración.
También existe una presentación predominantemente inatenta
Pensemos en una niña o un niño que no interrumpe la clase ni genera grandes problemas de conducta.
Permanece sentado.
No molesta a sus compañeros.
Sin embargo, pierde constantemente materiales, parece no escuchar instrucciones completas, tarda muchísimo en iniciar una actividad, deja tareas a medias, olvida lo que tiene que llevar al día siguiente o necesita que un adulto repita una y otra vez qué debe hacer.
Como no existe esa imagen clásica de hiperactividad, sus dificultades pueden ser interpretadas como despiste o falta de interés.
Ahí encontramos uno de los riesgos de los mitos del TDAH: esperamos que todos los niños encajen en el mismo molde.
Por qué algunos niños pasan desapercibidos
Las dificultades que generan menos interrupciones también pueden llamar menos la atención de los adultos.
Un niño que se levanta veinte veces durante una clase suele ser detectado rápidamente.
Uno que permanece en silencio mientras pierde el hilo de la explicación puede tardar mucho más en llamar nuestra atención.
Por eso es importante observar el funcionamiento global y no solamente la conducta más llamativa.
El TDAH no debería imaginarse como una personalidad determinada. Estamos hablando de dificultades que pueden expresarse de distintas maneras y que necesitan comprenderse dentro del contexto particular de cada niño.
4. “Si puede concentrarse en videojuegos, no puede tener TDAH”
Esta frase aparece constantemente:
“¿Cómo va a tener problemas de atención si puede pasar horas jugando?”
La pregunta tiene sentido desde fuera, pero parte de una idea demasiado simple de la atención.
Tener dificultades relacionadas con la regulación de la atención no significa necesariamente ser incapaz de concentrarse en cualquier actividad y en cualquier momento.
El contexto importa mucho.
El problema no es simplemente poder o no poder prestar atención
No todas las actividades exigen lo mismo.
Un videojuego puede proporcionar estímulos constantes, objetivos inmediatos, recompensas rápidas, cambios frecuentes y una respuesta directa a las acciones del niño.
Hacer una tarea escolar extensa, ordenar una habitación o seguir una explicación durante mucho tiempo funciona de manera distinta.
Por eso no deberíamos evaluar la atención con una sola pregunta: “¿puede concentrarse sí o no?”.
Resulta más útil observar cuándo puede hacerlo, durante cuánto tiempo, con qué tipo de estímulo y cuánto apoyo necesita cuando la actividad exige un esfuerzo sostenido.
Qué papel juegan la motivación y la regulación de la atención
A cualquier persona le resulta más sencillo mantener la atención en algo que le interesa.
La diferencia aparece cuando la dificultad para regularla genera interferencias repetidas en áreas importantes de la vida cotidiana.
Así, que un niño pueda concentrarse intensamente en una actividad atractiva no invalida automáticamente la existencia de otras dificultades.
En lugar de utilizar sus intereses como prueba de que “podría hacerlo si quisiera”, también podemos aprovecharlos para comprender qué condiciones facilitan su participación y cómo trasladar parte de esas condiciones a otras actividades.
5. “Los niños con TDAH son vagos o no se esfuerzan”
Pocas etiquetas resultan tan frustrantes como decirle a un niño que es flojo cuando realmente está intentando responder a una demanda que le resulta difícil.
Desde fuera solamente vemos el resultado:
No terminó.
Olvidó otra vez el cuaderno.
Dejó la tarea para el último momento.
Perdió las instrucciones.
Tardó una hora en una actividad aparentemente sencilla.
Pero el resultado no nos cuenta por sí solo todo lo que ocurrió para llegar hasta ahí.
Dificultad no significa falta de voluntad
Hay niños que desean cumplir y, aun así, encuentran enormes obstáculos para comenzar, organizar o completar determinadas actividades.
También pueden existir grandes diferencias entre contextos.
Un niño puede funcionar mucho mejor con supervisión individual que dentro de un salón con múltiples estímulos. Puede resolver una actividad breve y tener muchas dificultades ante una tarea larga. Puede explicar verbalmente lo que tiene que hacer y después perderse al intentar ejecutarlo.
Por eso evitamos reducir una dificultad a “no quiere”.
Antes necesitamos investigar si realmente no quiere, si no sabe cómo hacerlo o si las demandas superan en ese momento las estrategias que ha desarrollado.
Cómo pueden influir las funciones ejecutivas
Organizar materiales, recordar instrucciones, controlar impulsos, planificar una tarea, estimar el tiempo o mantener una meta mientras aparecen distracciones son procesos importantes para la vida cotidiana.
Cuando algunos de estos procesos representan un desafío, la experiencia escolar y familiar puede convertirse en una sucesión de pequeños fracasos.
Aquí el acompañamiento importa mucho.
Nuestro objetivo en la psicología para niños no debería consistir en colocar una etiqueta sobre cada dificultad, sino en identificar qué habilidades requieren apoyo y ayudar al niño y a su familia a desarrollar herramientas concretas.
6. “Todos los niños inquietos tienen TDAH”
Tan problemático es negar la existencia del TDAH como asumir que cualquier niño inquieto lo tiene.
La infancia incluye movimiento, exploración, impulsividad y fluctuaciones en la atención.
No podemos convertir cada conducta normal del desarrollo en una señal diagnóstica.
Por eso un diagnóstico serio no debería depender de una sola conducta ni de un comentario aislado.
Cuándo una conducta infantil deja de ser algo puntual
Una observación cobra mayor importancia cuando las dificultades son persistentes, afectan el funcionamiento del niño y aparecen de manera suficientemente relevante como para interferir en su vida cotidiana.
Por ejemplo, no es lo mismo distraerse ocasionalmente durante una tarea aburrida que experimentar dificultades reiteradas para seguir instrucciones, organizarse, terminar actividades o manejar impulsos hasta el punto de afectar el desempeño escolar, la convivencia o las relaciones.
También necesitamos considerar otros factores.
Problemas emocionales, dificultades de aprendizaje, alteraciones del sueño, situaciones familiares estresantes y otras condiciones pueden influir en la conducta y la concentración.
Por qué el diagnóstico requiere una valoración adecuada
Una lista de síntomas en internet puede ayudar a una familia a reconocer señales, pero no sustituye una valoración profesional.
Desde Centro Cren creemos que primero hay que entender al niño.
Eso significa observar sus necesidades, su desarrollo, el contexto familiar y escolar y las áreas en las que están apareciendo dificultades.
Una evaluación adecuada también ayuda a evitar dos errores opuestos: ignorar una dificultad que necesita atención o asumir demasiado rápido que cualquier problema de atención corresponde a TDAH.
7. “El TDAH solo afecta al rendimiento escolar”
Las calificaciones suelen ser una de las primeras razones por las que una familia empieza a preocuparse.
Sin embargo, limitar el impacto del TDAH a la escuela deja fuera una parte muy importante de la experiencia del niño.
Las dificultades de regulación, atención, organización o impulsividad también pueden influir en casa, en las amistades y en la forma en que el niño empieza a percibirse a sí mismo.
Impacto en autoestima, emociones y relaciones
Imaginemos escuchar casi todos los días:
“Pon atención”.
“Ya te lo había dicho”.
“Otra vez olvidaste todo”.
“Tu hermano sí puede hacerlo”.
“Si quisieras, podrías”.
Cuando estos mensajes se repiten durante años, el problema ya no es solamente una tarea incompleta.
El niño puede empezar a construir una explicación sobre sí mismo: “soy malo”, “soy flojo”, “todo me sale mal” o “siempre decepciono a los demás”.
Por eso consideramos que el acompañamiento no debería centrarse exclusivamente en conseguir mejores calificaciones.
Qué puede ocurrir cuando un niño crece sin el apoyo que necesita
Durante años, muchos niños con dificultades de este tipo crecieron sin que los adultos entendieran claramente qué necesitaban.
En algunos casos, eso podía traducirse en bajo rendimiento académico, conflictos sociales, frustración, dificultades emocionales o baja autoestima.
Cuando una familia busca psicología para niños cdmx, muchas veces el verdadero objetivo no es simplemente “hacer que se porte mejor”.
Lo que busca es comprender por qué algo se está haciendo tan difícil y encontrar estrategias que ayuden al niño a desenvolverse mejor en su vida cotidiana.
Una intervención oportuna puede enfocarse tanto en las habilidades del niño como en las herramientas que necesitan los adultos que lo acompañan.
8. “El TDAH desaparece con la edad”

Otro mito frecuente es imaginar que el TDAH simplemente desaparece cuando el niño madura.
El desarrollo puede modificar la forma en que determinadas dificultades se manifiestan. Las demandas también cambian.
A un niño pequeño se le ayuda a preparar su mochila.
Más adelante tendrá que recordar materiales por sí mismo.
Después necesitará organizar varias materias, exámenes, actividades, fechas y responsabilidades.
Esto significa que una dificultad puede hacerse menos visible en determinada conducta y, al mismo tiempo, seguir presente de otra forma.
Cómo pueden cambiar las dificultades a medida que el niño crece
La hiperactividad evidente puede no verse igual con el paso de los años.
Sin embargo, pueden continuar desafíos relacionados con la organización, el manejo del tiempo, la atención sostenida, la impulsividad o la planificación.
Además, cada etapa introduce nuevas exigencias.
Por eso no basta con preguntarnos si el niño “ya se mueve menos”. Tenemos que observar cómo está funcionando en conjunto y qué estrategias ha logrado desarrollar.
La importancia de desarrollar estrategias y autonomía
Aquí encontramos una idea que consideramos central: el objetivo de una intervención no debería ser cambiar quién es el niño.
Se trata de ayudarlo a desarrollar herramientas.
Queremos que aprenda progresivamente a reconocer qué le cuesta, qué estrategias le funcionan y cómo puede ganar autonomía.
Cuando adaptamos el entorno al principio, no buscamos hacer todo por él para siempre. Muchas veces esas adaptaciones sirven como puente mientras desarrolla habilidades que posteriormente podrá utilizar de manera más independiente.
La meta no es fabricar un niño que nunca se distraiga, nunca cometa errores y funcione exactamente igual que todos los demás.
La meta es favorecer su aprendizaje, autonomía y bienestar.
9. “El TDAH se soluciona con castigos y más disciplina”
Este mito está muy relacionado con la idea de la mala crianza, pero merece un espacio propio porque puede modificar profundamente la convivencia familiar.
Los límites son necesarios.
Las reglas también.
Pero una cosa es establecer consecuencias coherentes y otra muy diferente recurrir cada vez a castigos más intensos esperando que una dificultad desaparezca.
Poner límites sigue siendo necesario
Comprender el TDAH no significa decir que todo está permitido.
Un niño sigue necesitando aprender a respetar a otras personas, asumir responsabilidades acordes con su edad y comprender las consecuencias de sus acciones.
La diferencia está en cómo enseñamos esas habilidades.
Si un niño olvida constantemente una tarea, podemos castigarlo cada vez o podemos preguntarnos también qué sistema necesita para recordarla.
Si tarda una eternidad en prepararse por las mañanas, podemos repetir “apúrate” veinte veces o establecer una rutina más visual y predecible.
No siempre existe una solución inmediata, pero el cambio de enfoque permite pasar de reaccionar a enseñar.
Comprender una dificultad no significa justificar cualquier conducta
Esta distinción es fundamental.
Explicar no es justificar.
Comprender que un niño puede tener dificultades con la regulación de sus impulsos no significa que no tenga que aprender otras formas de actuar.
Significa que posiblemente necesite más práctica, estructura y acompañamiento para conseguirlo.
Cuando una familia busca psicología infantil cerca de mi, muchas veces se encuentra en un punto de agotamiento. Ha probado regaños, premios, castigos, acuerdos y conversaciones, pero los mismos conflictos siguen apareciendo.
Ese es precisamente uno de los momentos en los que puede ser útil dejar de preguntar exclusivamente “¿cómo hago para que obedezca?” y empezar a preguntar “¿qué está dificultando esta conducta y qué habilidad necesitamos trabajar?”.
10. “El tratamiento busca cambiar la personalidad del niño”
Para muchas familias, buscar ayuda despierta un temor comprensible: “No quiero que cambien a mi hijo”.
Nosotros tampoco creemos que ese deba ser el objetivo.
Un niño puede ser creativo, curioso, intenso, divertido, espontáneo, sensible o apasionado. Acompañar una dificultad no significa borrar esas características.
El objetivo es darle herramientas, no convertirlo en otra persona
Cuando hablamos de intervención, hablamos de ayudar al niño a desenvolverse mejor en aquellas áreas que actualmente representan un desafío.
Puede ser aprender a reconocer sus emociones antes de reaccionar.
Organizar una tarea.
Seguir una rutina.
Manejar mejor la frustración.
Utilizar estrategias para mantener una meta.
Mejorar habilidades sociales.
Aprender a pedir ayuda.
El foco está en aumentar recursos, no en eliminar su personalidad.
Familia, escuela y profesionales: por qué el trabajo conjunto importa
Los niños no viven dentro de un consultorio.
Lo que aprenden necesita poder trasladarse a casa, a la escuela y a otros espacios cotidianos.
Por eso el acompañamiento suele resultar más útil cuando los adultos relevantes entienden qué se está trabajando y pueden mantener estrategias coherentes.
La familia tiene información que ningún profesional puede obtener observando al niño únicamente durante una sesión. La escuela puede describir situaciones que no aparecen en casa. Y los profesionales pueden ayudar a organizar esa información y transformarla en objetivos concretos.
En Centro Cren partimos precisamente de la idea de comprender antes de intervenir y adaptar el acompañamiento a las necesidades particulares del niño.
¿Qué podemos hacer frente a los mitos sobre el TDAH infantil?
Eliminar todos los prejuicios de un día para otro sería poco realista.
Pero sí podemos cambiar cómo reaccionamos cuando aparece una de estas afirmaciones.
Informarnos antes de etiquetar una conducta
Palabras como “flojo”, “desobediente”, “malcriado” o “problemático” describen muy poco y pueden terminar convirtiéndose en etiquetas que acompañan al niño durante años.
Antes de utilizarlas, conviene observar qué hay detrás.
¿En qué momentos aparece la dificultad?
¿Qué ocurre antes?
¿Qué sucede después?
¿Con quién?
¿En qué ambientes funciona mejor?
¿Qué estrategias ya han dado resultado?
Esta información resulta mucho más útil que una etiqueta.
Observar las necesidades concretas de cada niño
Dos niños pueden compartir un diagnóstico y necesitar apoyos diferentes.
Uno puede tener grandes dificultades para organizarse y pocas para relacionarse.
Otro puede funcionar bien académicamente, pero experimentar mucha frustración emocional.
Otro puede necesitar apoyo especialmente en el aula.
Por eso evitamos trabajar desde una receta universal.
Entender al niño concreto siempre debería estar antes que aplicar una estrategia porque “funciona para el TDAH”.
Buscar apoyo cuando las dificultades afectan a su bienestar
No hace falta esperar a que todo se convierta en una crisis para consultar.
Si las dificultades de atención, regulación, conducta, aprendizaje o emociones empiezan a afectar de manera significativa la vida cotidiana, una valoración puede ayudar a ordenar lo que está ocurriendo.
En Centro Cren trabajamos desde un enfoque infantil centrado en comprender las necesidades de cada niño y orientar también a la familia. Puedes conocer más sobre nuestro servicio de psicología infantil y las áreas que acompañamos.
Buscar ayuda no significa asumir de antemano que existe TDAH.
Significa reconocer que algo está siendo difícil y que vale la pena entender por qué.
Conclusión: comprender el TDAH cambia la forma de acompañar al niño
Los mitos del TDAH en niños sobreviven porque ofrecen explicaciones fáciles para situaciones que, en realidad, pueden ser mucho más complejas.
Es más sencillo decir “no se esfuerza” que analizar por qué no termina una tarea.
Es más sencillo decir “necesita disciplina” que comprender qué habilidad todavía no consigue regular.
Y es más sencillo afirmar “antes esto no existía” que reconocer que nuestra comprensión del desarrollo infantil también ha cambiado.
Pero para el niño, esas diferencias importan.
Durante mucho tiempo, muchos niños crecieron escuchando que eran flojos, desobedientes o incapaces cuando lo que necesitaban era que alguien entendiera mejor sus dificultades y les enseñara herramientas.
En Centro Cren consideramos que comprender no significa justificar todas las conductas, eliminar los límites ni reducir al niño a un diagnóstico.
Significa mirar más allá del síntoma.
Preguntarnos cómo aprende.
Qué le cuesta.
Qué recursos ya tiene.
Qué necesita desarrollar.
Y qué podemos modificar los adultos para acompañarlo mejor.
Porque el objetivo final no es conseguir que todos los niños funcionen de la misma manera.
Es ayudarlos a desarrollar al máximo sus recursos, avanzar hacia una mayor autonomía y construir una relación más saludable con su propio aprendizaje y bienestar.
Preguntas frecuentes sobre los mitos del TDAH en niños
¿El TDAH es realmente una condición del neurodesarrollo?
Sí, el TDAH se entiende como una condición del neurodesarrollo. Esto es importante porque ayuda a superar explicaciones simplistas basadas únicamente en falta de disciplina, flojera o mala crianza.
Eso no significa que el entorno no importe. La familia, la escuela, las rutinas y las estrategias educativas pueden influir mucho en cómo un niño afronta sus dificultades. Lo que cambia es la perspectiva: el acompañamiento no parte de culpar a los padres o al niño.
¿Puede un niño tranquilo tener TDAH?
Sí. La hiperactividad no es la única forma en que pueden manifestarse las dificultades asociadas al TDAH.
Un niño puede ser tranquilo y presentar problemas importantes para mantener la atención, organizarse, recordar instrucciones, terminar actividades o gestionar sus materiales.
Precisamente por ser menos disruptivos, algunos niños pueden pasar desapercibidos durante más tiempo.
¿Puede un niño con TDAH concentrarse durante horas?
Que un niño pueda concentrarse intensamente en determinadas actividades no descarta por sí solo el TDAH.
La atención depende también del tipo de actividad, el interés, la estimulación y las demandas que implica.
Por eso resulta más informativo observar el patrón general que utilizar una actividad concreta como prueba definitiva a favor o en contra.
¿El TDAH se debe a una mala educación?
No deberíamos atribuirlo simplemente a una mala crianza.
Los límites y las rutinas son importantes para todos los niños, pero una disciplina más rígida no explica ni elimina por sí sola dificultades relacionadas con el neurodesarrollo.
Culpar a la familia, además de resultar poco útil, puede retrasar la búsqueda de estrategias más adecuadas.
¿Comprender el TDAH significa permitir cualquier comportamiento?
No.
Esta es una de las ideas que más nos interesa aclarar.
Comprender una dificultad permite enseñar de una manera más adecuada. Los límites pueden seguir existiendo, pero podemos acompañarlos con estrategias que ayuden al niño a desarrollar autocontrol, responsabilidad y autonomía.
La comprensión no sustituye la educación; la hace más ajustada a las necesidades del niño.
¿El TDAH puede afectar a la autoestima del niño?
Puede hacerlo, especialmente cuando el niño acumula experiencias de frustración, críticas o sensación de fracaso.
Si constantemente recibe mensajes de que no presta atención, no se esfuerza o decepciona a los demás, esas experiencias pueden influir en cómo se percibe.
Por eso consideramos importante mirar más allá del desempeño académico. El bienestar emocional, las relaciones y la percepción que el niño construye sobre sí mismo también forman parte de su desarrollo.
